Desde esta terraza
miro lo que queda de mi reino.
Hubo años que se recuerdan
mejores de lo que han sido,
en donde la calma se interrumpía,
al lado de un buen fuego
sólo por la voluptuosidad del amor
y el sonido del placer.
Pero las tinieblas de la guerra,
iluminadas por el rostro de Helena,
llevaron a este país a la muerte.
Y aunque todos morimos de manera distinta
mismo es este implacable fuego
que abrasa hoy mis calles.
He aquí la cruel naturaleza de las cosas.
Cuando era calor, el fuego , amigo fue,
ahorá, triunfo de mis enemigos,
es destrucción , ultraje
y, extinción de nuestro mundo,
terrible final.
martes, 18 de enero de 2011
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