No eres más que un deseo.
Un reflejo del miedo al terror y al fracaso.
Por eso te queremos.
Por eso te buscamos
y creemos que, afortunadamente,
apareces fortuna.
Y de tanto esperarte, de repente,
tu futuro está en mi rostro,
sensitiva a todo lo que en ti busco
y espero inocente alcanzar.
Pero ahora yo te acuso.
Pues como un vino amargo que emborracha,
haces latir mi corazón
y sólo eso.
Nada, esa es tu respuesta.
Nada más
ni nada nuevo.
Por eso te maldigo
fortuna.
Por eso te maldigo.
jueves, 18 de noviembre de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario