Tal vez deberíamos olvidarlo todo.
Empezar de nuevo cada mañana,
aprender hacia atrás y desalojar nuestro conocimiento.
Romper en dos mitades nuestra vida y obras.
Destruirlo todo, lo más rotundo y lo más perecedero,
y así, en nuestro final, superado el temor a las palabras,
sentados en nuestro viejo sillón,
cuando ya no quede nada,
saber morir.
sábado, 20 de noviembre de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario