El que anuncia su juicio final,
agotado de tanto esperar,
el que rezuma en negro océano
la tragedia de su vida.
Ése , y sólo Ése,
antes de odiar a sus semejantes
y vivir alejados de ellos,
entregró su vida por amor,
dulce y ardiente,
al gesto y a la imagen
de la que tanto amó.
Pero a pesar de hundirse,
de no ser querido
y despreciado,
recuerda con orgullo.
Y ese día yo fui fuerte.
Y ese día dominé el mundo
y ante todos, por un instante,
el mundo fue mi plenitud;
más encendido en el amor
que en la ira que en él nacen.
Y así, como un ermitaño,
en las montañas,
revive el día que, infinito, se escapa
en el fruto inútil que al amor
, inocente, envíó.
martes, 14 de septiembre de 2010
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