Forma media de lo bueno y lo malo,
alerón de lo absurdo,
eso eres tu Madrid.
Todos te conocen por no ser como tú.
No es justo, y es seguro que lo sabes,
pues nunca nos haces gritar
ni nos matas con un rayo,
no dejándonos indeferentes a tu amor y dolor.
Yo vi lo más notable de lo mío y a lo que podía llegar,
pero aun eso, siendo poco y miserable,
es sufciente para no soportar
la insidia provinciana del creyente
en la seguridad
y a los devotos
en las limitaciones ajenas
y no las propias.
Preferí, por tanto,
no ser gente de niguna parte y de todos los sitios
y huir a Madrid.
Y no quiero ir a casa,
no quiero volver,
no,
hay no tengo sitio
ni nadie a quien odiar.
Todo está ya superado.
A nadie disputo
la figura que tanto me inflluyó en aquellos días
y aunque venda mi cuerpo por comida,
solitario y contento,
como al día de hoy,
todo el mundo es mío
aunque me engañe de todo
y sea, simplemente,
un cuento contando un cuento.
Nada.
domingo, 5 de septiembre de 2010
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