Porque todos somos una máscara
y estamos solos.
LLenos de miseria, a manos llenas,
en el horror de la realidad.
Porque todos somos un reflejo,
entre la nada y el hastío.
Porque todos somos deleznables,
enredados en la mentira,
dándonos la espalda,
sin esperanzas ni buena voluntad.
Porque todos somos traidores,
vengativos como demonios,
llenos de blasfemia
y maledicencia.
Porque somos lo que somos
a tu amor me entrego, hijo mío
consagrando mi esperanza a tu futuro
y tu crecer a mi muerte.
Con eso me basta para vivir.
Y que callen las ciudades y los hombres.
jueves, 15 de julio de 2010
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