Una mujer en mis brazos.
No era la mejor
ni la peor de todas.
Me decía; te quiero mucho amor mío
y eso era, cómo decirlo,
luminoso y suficiente:
mucho más que suficiente.
Radiante.
Luego más tarde, llegaron
las amistades y otras memeces
y ella, veloz como un pájaro,
salió de mi vida.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
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