Hoy, lo sé.
Y al igual que sé que pensar demasiado es la autodestrucción,
que la pereza es sólo miedo a la vida
y que el mundo es un lugar salvaje e
inhóspito,
hoy sé también,
que de mis actos y mis palabras
necesariamente debe surgir algo bueno.
Y no me llaméis pedante.
No me llaméis adivina ni futuróloga.
No me llaméis optimista ni tampoco powerflower.
De eso reniego, pues ya he sufrido bastante.
Llamadme , tal vez, si queréis, bufona.
( ni siquiera; demasiado manido)
Soy, en definitiva, lo que soy a vuestra costa y crueldad
y me ha costado muchos años y demasiadas medicinas
aceptarme.
Pero decidme;
¿ qué tengo que hacer para no defraudaros
y vencer de una vez a este maldito espejo
que me frena y tanto me enloquece?

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