No te detengas y escribe lo que veas.
Transforma lo invisible en palabras,
y ante la vida, dolosa y ardiente,
sueña con los amantes que aún
no tuviste y retenlos en tu boca.
Son ya raíz.
Son ya sangre de tu corazón,
son tu mismo yo
que en el confuso juego del amor,
ocio maravilloso,
te ayudan a afrontar la crudeza del día a día
y la indiferencia de aquel a quien se ama.
Da testimonio de tu verdad y así,
dispuesta comenzar,
aleja la máscara del odio
y el desencanto de tu camino.
Nada queda tan bello , entonces,
como tu valiente corazón
lleno de amor e inconmensurable pureza.
Pero sé consciente; ninguna tarea
tan dura como vivir
de aquello que no se ve.
sábado, 16 de octubre de 2010
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