Del amor que ha engendrado el mundo,
repleto por los tres amores estadísticos
que tiene en una vida cada hombre,
dejaré mi máscara y os diré adios.
Así desnudo, inutil, blanco,
moriré.
Moriré rodeado por una gracia
( si es que existe) que produzca mi transformación
para ser en el infinito o la rutina,
en la dureza de la piedra y
en el silencio del marmol
una vulgar serie de sílabas
(no mayor ni mejor que mi nombre y mis actos, de eso estoy seguro)
que no rebele nada a las estrellas
ni a las desdichas de los que habitan esta contaminada tierra.
Estaré , amigos, enterrado en una lápida standar barata
-comprada en un supermercado barato de las afueras de la ciudad-
y en unos recuerdos
( si es que mis hijos tienen a bien venir a verme )
en donde yo no esté.
Pero no os preocupeis por mí.
Estaré bien.
Lejos de las pasiones humanas y sus desdichas.
Del arroyo y de los amanaceres.
De ti, mi amor y de mi mismo.
De todos vuestros cariños
y de todos vuestros odios.
Solo y con frío.
Camino hacia la no eternidad.
sábado, 16 de octubre de 2010
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