MIEDOEINCERTIDUMBRE

domingo, 17 de octubre de 2010

ROMEO Y JULIETA

Londres, teatro de comedias , 1489.



Canta,





como un flauta,



en las sienes de todos,





el deseo enardecido.





No es extraño que tanta complancencia





rebose a los propios amantes,





perdidos en el libatorio secreto de ser uno,



dice bajito una joven cortesana.





La eternidad les observa y disipa sus esfuerzos





que uno a uno, sueltos,





no adquieren significado.





Sólo su unión salva ese hueco



y da suave calor.



Para estar siempre ahí, unidos,





dentro él de ella y ella dentro de él,





igual en lo vacío que con lo lleno;



ebrios de amor.





Sí, están unidos, como si nunca mano alguna





pudiera separarlos,



sueña en el palco un viejo, doblado por los años,



cercano a su muerte.





Tal vez ondeén ,entonces,



- piensa-, hechos de carne y hueso, en el límite infinito.





Puros y realizables como la belleza





no para sí , sino plenos, en el otro.





Entre lo que escuchan y lo que creen ver.





Entre sus días y sus deseos.





Eternos, como sus huesos





que se mueven





y no se llenan jamás de amor.





Toda mi vida daría, farfulla el viejo,
 
 
 lloroso, por un minuto de esta pasión.

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