En esta plenitud inacabable
perdidos en un símbolo, quizás un augurio
nos permita abrigar la esperanza en el mañana.
No sobreviviremos al coliseo,
grande y majestuoso,
Lleno de cadáveres y despojos,
plagado de inocentes que vuelven
a ser pasto del fuego, la violencia
y el castigo injusto.
En esta plenitud de la ciudad milenaria,
eterna e indestructible, inconmensurable,
llena de turistas predecibles y ruinosas ruinas,
de puestos de refrescos y terrazas con helados,
olvidamos a los ríos de sangre , a los miles de esclavos
que allí trabajaron y sus tormentos,
a las ambiciones de los hombres y sus continuas conjuras y a lo que tanto, incomprensiblemente , - pues pensamos con objetividad y no es entendible
esto en el pacífico y solidario siglo XXI -
había atemorizado a los bárbaros pueblos del norte.
En esta ciudad.
En cualquiera.
Nueva York,
Madrid,
Naerobi,
Berlín,
Moscú,
Kabul,
Bagdad …
Olvidamos.
No soportamos recordar.
domingo, 23 de mayo de 2010
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