Ella dice que lo siente.
Quería echar sólo un vistazo,
preguntar si habría valido la pena
estar muerta de amor,
esbelta de figura, delicada y dulce,
aprehendiendo
sus fiambres emocionales
a mi cuerpo
y su fin a mi fin.
Llamémoslo incertidumbre o cruel destino.
O quizás algo insano que le servía de ceñidor
Y que mata a otros si lo escupe.
Era más temible sin duda, que la máscara de muerte que vi
en el museo de historia antigua.
Y a eso ella lo llama amor.
Yo, simplemente, egoismo.
sábado, 15 de mayo de 2010
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