Está obligado a volverse loco
a desear lo que no debe ya que nada permanece ni le parece hermoso y bello.
Está condenado a gritar enloquecido reclamando la protección del silencio
Y aunque la tiene, como lo deseaba, quiere a través de la embriaguez,
a través de las palabras que se mueven, de las piedras y su hígado enfermo,
revivir lo que, tal vez, fue vivido.
¡Ay!,bebí, piensa amargado, qué insaciable bebí entonces.
Pero yo también estaba demasiado repleto
del mundo y, al beber,
rebosé yo también.
sábado, 29 de mayo de 2010
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