Avanzar sin retroceder, con miedo, pues somos humanos, me dijo el terapeuta.
Y hoy debe cambiar todo, porque todo cambia,
y porque nuestro es el futuro y porque nada esta escrito.
Y hoy debe perecer todo porque para seguir adelante,
seguro y audaz, temerario, para volver a nacer,
debes sacrificarlo todo por nada
y disiparte.
Disiparte fuera de tu propia vida y sus malos momentos
para ser digno, entonces, a todo aquello que te depare el futuro.
Mientras él continua hablando sobre obviedades, miro al techo y pienso en otras cosas. Las calecfacciones siguen encendidas a pesar de que estamos en mayo y el humo, como los años, se escapa velozmente por las chimeneas de los tejados. Mi hija debe estar en el colegio aprendiendo la tabla de multiplicar. En el valle del Jerte todo debe estar en flor.
Renacido.

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