Pocas cosas hay agradables en mi vida.
Alguna copa de vino,
una ágil conversación,
esporádicas visitas al Prado.
Lo más habitual,
es que me envilezca.
Que me mezcle en lo grotesco y ordinario,
domado por la desidia
y la autocomplaciencia,
perdiendo estúpido el tiempo
y mi salud.
Pero hoy tengo miedo.
Ya que al pronto de entregarse
me abstuve de ella,
pues aunque no hay permanencia en su cuerpo,
sentí temor de hallarla tan hermosa.
Y no ser digno.
Perdemos el tiempo. La salud, los amigos , las ilusiones. Pero nos queda la dignidad de la verdad. Aunque nos duela
viernes, 23 de abril de 2010
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