El tiempo, sólo, pasa.
Así , de tal manera, no es difícil explicar cuál es nuestro futuro.
Ella coge la cuchara. Eleva su mano y, lentamente, alimenta a su hijo cantando la canción del gato totó. Mientras su marido, inconsciente, les observa malhumorado escuchando los deportes.
La épica de lo cotidiano.
Alguien debería grabar esta belleza y enseñarlo en las escuelas.
Éste es uno de los escasos momentos de felicidad que tienen los humanos. La mayoría de nosotros no somos conscientes.
jueves, 22 de abril de 2010
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