Está obligado a volverse loco
a desear lo que no debe,
ya que nada permanece,
ni le parece hermoso y bello.
Está condenado a gritar enloquecido
reclamando la protección del silencio
Y aunque la tiene, como lo deseaba,
quiere a través de la embriaguez,
a través de las palabras que se mueven,
de las piedras y su hígado enfermo,
revivir lo que fue
y que nunca fue vivido.
¡Ay!,bebí, piensa amargado
qué insaciable bebí entonces.
Pero yo también estaba demasiado repleto
del mundo y, al beber,
rebosé yo también.
jueves, 22 de abril de 2010
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