Cuando regreses a la vida entre elegías y canciones,
con el campo de batalla plagado de cadáveres,
no sufras la mentira de ser leyenda.
Sigue la estela de tus noches
y en la búsqueda de tu ser
disípate a lo que no se ve.
Dificil es ser quien eres
y vivir como dicen que vives
pero el peso de tu nombre,
devorados por los otros,
transforma tus errores en culto
y tu dolor en audacia.
Que la longitud de tu sueño no acabe cuando el día empieza
vencida por la desconfianza de la mañana
y lo que unos y otros, aduladores,
gritan ante tu imagen consagrada
al exceso y el fulgor.
Aman lo que no entienden pues el amor,
juvenil e impulsivo,
hace de lo mediocre un mito.
Mas por encima de ti debes estar.
Vive hacia dentro y ocúltate
y en la quietud de tu cama,
a solas,
preparáte a renacer en otra
y sentir con gusto
la libertad de las drogas y los excesos
que así, ficticiamente,
te extinguen ante la mirada del mundo.
Otra vez.
miércoles, 21 de abril de 2010
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