Me envolví en el goce en ellas
y no pregunté dónde están.
Mas si arden
no es culpa del amante
que en su encuentro
ni nace ni muere, sin importar el tiempo,
negando venir, devenir
o llegar a ser.
Sólo hay incertidumbre.
jueves, 3 de junio de 2010
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