Luz roja que ilumina.
Luz roja que ilumina.
Pasan lentos los años dentro de esta pecera.
Tú estás,
Donde tu cuerpo está,
impasible a mis palabras.
Lo mismo me hayas perdido,
lo mismo me hayas encontrado.
Ahora es cuando debería emocionarme y decir que te quiero.
Pero no he vuelto a hablar desde entonces.
No , no he vuelto.
Ni siquiera lo he intentado.
Luz roja que ilumina.
Luz roja que ilumina.
Ahora los campos son verdes.
La gente se afana en recoger las cosechas.
Se sucede la alegría, el frío
Las fiestas y la muerte.
Todo pasa independiente a nosotros
Y nuestras emociones,
Como si no hubiéramos existido
o estuviésemos aquí.
Todo pasa, con aterradora normalidad.
Ahora es cuando debería - aprovechándome de mi situación y de mis años-
explicar cómo deberían ser las cosas
Y repetir que te quiero.
Pero no debo hablar, pienso.
Aunque si lo he intentado.
Y, no ha válido la pena.
¿Cómo he de empezar si los humanos hablan sólo para sí mismos , siendo nosotros sólo reflejos de sus palabras?
Sólo reflejos de sus palabras
sólo reflejos ,
solo reflejos.
Sólo egoísmo.
Sólo egoísmo.
El fin no tiene fin y la palabra , humillada,
se hunde en un profundo estercolero
de incomprensión.
lunes, 7 de junio de 2010
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