Las pesas tienen una cualidad inimitable.
Engrandecen lo que te disipa en tu interior.
Decidido.
Piérdame en el marketing orgásmico de la belleza.
En su espasmódica contracción de los músculos,
en la sudoración libatoria de mi grasa,
en el tímido resorte de soñar estúpido la libertad
al quemar algunas calorías
y en la hipnótica - inocente, me atrevería a decir -
ilusión de reflejame atractivo
y joven en un espejo
de un descerebrado
gimnasio.
Por lograr mis fantasías y tu cuerpo,
amante de una noche,
cuido locamente
del mío.
El sexo y mi autoestima requieren estas cosas,
claro está.
miércoles, 9 de junio de 2010
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