No te encadenes al pie de nunca, al pie de todos los que no han vivido
y caen en lo puro o en lo amargo, sin contradicciones ni dudas
creyendo en el dulzor estomagante de las predicibilidad
y la existencia de un mañana tranquilo y sosegado.
He ahí la elección que te condena.
Ahora me dirás que el mediodía y sus vermuts después de misa,
que tu marido y tus hijos,con su cielo y su aspera tristeza,
es todo cuanto quieres y puedes aspirar.
Que ya es tarde y eres vieja
para elegir algo indisponible,
algo que permanece quieto pero que escapa infinitamente
a tu control y no puede traducirse
a un simple posesión
ni comprarse con dinero.
Entonces, siendo así, si tan protegido está tu corazón, y ya no te queda sangre,
no vivirás lo invisible del encanto y tus pasos culpables te alejarán de mí.
Más de forma alguna di basta a este deseo.
No digas no, para que así, inútilmente ,
perezcamos los dos, el uno en el otro,
y al final, quemados, seamos
algún blasón sostenido por lápidas
donde yo no estoy.
miércoles, 2 de junio de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario