Muchas son las que han venido
inmersas en la promesa de abundancia
y la esperanza de un futuro lleno
de amor y plenitud.
Sólo eran cosas.
Cosas vacías que la vida
forjaba caprichosamente
para hacerme daño
y quebrar mis ilusiones de futuro
con estúpidas preocupaciones.
Nada me devolverá,
al día de hoy,
domingo,
en el año dos mil diez,
a la paz de mi infancia.
jueves, 24 de junio de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario