Los campos oscuros.
La noche tibia.
Un leve viento que todo lo refrescaba.
El humo de las casas.
La cena caliente en la mesa, la cama limpia.
Todo son recuerdos de como fueron las cosas.
Pero todo cambia, pues en el cambio
madura la vida sembrando espacio
para los que vendrán y ocupen
nuestras experiencias
y emociones.
Recuerdo tu ciudad.
Tu verano, Tu cuerpo en esa noche,
y ese confuso y tímido pudor - obsceno ya que si no no sería atractivo -
con se enlazaron nuestros cuerpos vírgenes.
Y ya han pasado cincuenta años,
y hoy esto llena mi vida .
No tengo nada más.
A sólo esto, amor de una noche,
consagro mi existencia
y la fuerza ante los miedos
que me queden por vivir.
Antes de que mi fin llegue a su fin
y éste, irremediablemente,
a su final.
lunes, 21 de junio de 2010
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